jueves , 30 mayo 2024

El octavo centenario de la Navidad en Graccio

El octavo centenario de la Navidad en Graccio

1.- En nuestro empeño por compartir con ustedes la celebración de los centenarios franciscanos queremos hoy decir algo acerca del octavo centenario de la Navidad en Greccio.

He encontrado escrito lo siguiente: “En los períodos más ricos de su historia, la liturgia de Navidad celebró a Dios que ha entrado en la humanidad y se manifiesta así a los hombres: su nacimiento histórico es el signo de nuestro renacer misterioso a la vida divina. Pero en los períodos decadentes, la piedad popular se dedicó a contemplar exclusivamente el aspecto humano y se conformó con anecdóticas representaciones piadosas del nacimiento de Jesús. Por otra parte asistimos a una comercialización o explosión del ambiente social en estos días. Ya no se sabe qué se celebra.

Oportuna es, entonces, la celebración de este centenario en el que san Francisco celebró la navidad en Greccio. ¿Por qué es oportuna? La memoria de Francisco estaba tan ocupada en la humildad de la Encarnación y la caridad de la Pasión que difícilmente quería pensar en otra cosa. Por eso quiso celebrar de un modo diferente este Misterio de fe.
El mismo san Francisco dice: “Quiero representar la memoria de aquel Niño que nació en Belén y contemplar de alguna manera con los ojos corporales las incomodidades y necesidades que sufrió el recién nacido, el modo como estuvo reclinado en un pesebre…” Y todo se hizo como el santo lo había expresado.

Francisco en Greccio une dos elementos: la memoria de la Encarnación y de la cruz.

2.- Francisco celebra la navidad en la periferia de la Iglesia; es que Jesús nace en cualquier parte, incluso en el más olvidado. Es capaz de recrear lo incómodo y oscuro de la Navidad. De modo que Greccio se transforma en otro Belén.
En el pesebre de Greccio hay heno, buey y asno; pero está vacío, no tiene al Niño, ya que se llena con la Eucaristía. Esa noche se celebró la santa Misa sobre el pesebre vacío. Podría decirse que Francisco creó un Pesebre eucarístico, celebrando la presencia de la humanidad de Cristo.

3.- En la celebración de esta Navidad Francisco realizó un gesto revolucionario, un lugar de encuentro con el Dios encarnado. Encuentro con un Dios palpable, pobre y sufriente. Es que, en verdad, Francisco se siente identificado con este misterio, ya que él mismo estaba sufriendo en carne propia terribles limitaciones físicas y espirituales.
Bien podríamos decir que san Francisco, al celebrar la Navidad en Greccio, realizó un Memorial del anonadamiento de Cristo.

Dice uno de sus biógrafos que, aun cuando no había Niño Dios en la cuna, un cierto hombre piadoso tuvo la visión de un niño acostado en el pesebre.

Lo que comenta su biógrafo sigue siendo actual. Dice el autor: “Y no carece de sentido esta visión ya que el niño Jesús había sido olvidado en muchos corazones, en los cuales, por su gracia y su siervo san Francisco, resucitó y se imprimió en sus diligentes memorias”.

4.- Hoy Navidad es fiesta del viejito pascuero, es el día de los regalos y el sueño frustrado de muchos niños, que no tienen quién les dé un regalo. Se desconoce este Misterio, se desconoce a Jesús. Lo único que falta en nuestras calles es que haya un monumento “al Dios desconocido”(Cfr. Hechos 17,23), lo mismo que en Atenas.

Como Francisco, debemos esforzarnos por hacer presente al Dios hecho hombre en nuestra sociedad. Y tal vez como Francisco gritar fuertemente: ¡EL AMOR NO ES AMADO!

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