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¿Cuántos panes tenéis?

Capuchino-Pan

Carta circular del Ministro general luego del encuentro realizado en Frascati[1] sobre los migrantes y los refugiados en Europa

 1. La pregunta de Jesús
“¿Cuántos panes tenéis?”[2] Con esta pregunta Jesús se dirige a sus discípulos luego que estos le manifestaran el desconcierto y la impotencia frente a una multitud hambrienta y cansada. Eran verdaderamente muchos, cincuenta mil hombres sin contar la mujeres y los niños, y lo que se podía juntar eran algunos panes y unos pocos pescadillos.

Nuestra mirada se dirige con el mismo desconcierto al incalculable número de migrantes y refugiados que tratan de entrar en Europa, luego de haber atravesado el Líbano, Turquía y otros países y nos damos cuenta que la situación es dramática. No sólo es Europa la que se encuentra involucrada en este flujo migratorio, pensad en aquella masa de gente que, en búsqueda de un futuro mejor, trata de traspasar la frontera entre México y los Estados Unidos, y en aquellos que de varios países africanos enfrentan el Mar Mediterráneo. Mientras os escribo, las agencias de noticias difunden la noticia de un naufragio a lo largo de las costas Turcas donde murieron seis niños. En este momento la atención se centra sobre todo en Europa, pero sería errado pensar que se trata de una cuestión sólo europea.

Las personas que huyen son tantas, tantísimas, muchas más de aquellos cinco mil que Jesús abrazaba con su mirada. Infunden miedo y por muchos lugares surgen muros para impedirles el camino; incluso hay quienes quieren devolverlos al lugar de donde salieron. Aquellos que están dispuestos a acogerlos se preguntan qué hacer frente a una emergencia tan grande. Parece casi escuchar la misma pregunta que los discípulos hicieron a Jesús: “¿Dónde podremos encontrar en el desierto tanto pan para saciar a una multitud tan grande?”.

2. Tened los mismos sentimientos de Cristo: la compasión.
Hermanos, les recordé el pasaje evangélico de la multiplicación de los panes para que la mirada sobre los dramáticos sucesos de los migrantes esté iluminada por la fe, y esto debe suscitar los sentimientos de Jesús. “Siento compasión de la gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino.” Jesús siente “compasión”, de deja tocar por sus estómagos vacíos, por su sufrimiento, a tal punto que llama a sus discípulos a sí: ¡es necesario hacer algo! Pensemos en San Francisco que se deja tocar por el sufrimiento de los leprosos y luego “practicó misericordia” con ellos.

Queridos hermanos Capuchinos, en cualquier parte del mundo en que estemos, no finjamos no ver, pasar de largo, levantar los muros del miedo y de la hipocresía del biempensante. El sufrimiento vivido por esta gente, la desesperación que está escrita en sus rostros, puedan realmente movernos a compasión interpelando nuestra caridad y nuestra minoridad. No caigamos en los lugares comunes que generan la indiferencia, o hacen surgir de los labios expresiones como: “¿Por qué no se quedaron en sus casas?” Nuestra vocación en el seguimiento de Jesucristo, sostenida por el carisma de Francisco de Asís, nos pide entrar en el corazón compasivo de Jesús. Él, el Señor, nos preguntaría hoy como en aquel tiempo: “¿Cuántos panes tenéis?”. La pregunta actualizada, hoy podría ser: “Tenemos un convento vacío y tenemos algún espacio inutilizado en las casas donde vivimos actualmente, ¿pero qué es esto para una emergencia tan grande? Tenemos tantas actividades y ¡ahora también llega esta urgencia a afrontar!” Jesús habría dicho: “Hermanos tomad asiento, hermanos entrad!” ¡El compartir hará otra vez que se realice un milagro!

Nuestra mirada de fe, nuestro deseo de hacer algo, muchas veces tiene que confrontarse con las normar y las leyes de las autoridades de cada Estado. Podría suceder que por un simple defecto estructural, por ejemplo, porque las tomas de corriente estén colocadas muy abajo sobre las paredes, las autoridades competentes para la acogida de los migrantes rechacen el ofrecimiento de un convento que tiene todas las cualidades esenciales para acoger. No obstante los imprevistos y las sorpresas burocráticas, creo que sea profundamente evangélico atreverse, con insistencia, a realizar los signos y aprovechar todas las ocasiones a nuestra disposición para crear una mentalidad acogedora de los migrantes y los refugiados.

3. El encuentro de Frascati
Todo lo que describí hasta ahora me llevó a convocar un encuentro en Frascati para razonar, compartir y proponer opciones para el futuro. El encuentro se realizó los días 15 y 16 de octubre próximo pasado y reunió 35 hermanos provenientes de 17 países, en particular de Europa, Medio Oriente y África. Los hermanos presentes fueron introducidos en el tema por expertos de Caritas Intenationalis, del Jesuits Fefugee Services y de dos hermanas de la UISG, especialistas en el tema.

Hemos escuchado testimonios particularmente tocantes sobre experiencias que ya se realizan en la Orden, especialmente en los lugares más implicados como el Líbano, Malta, Grecia e Italia. Fr. Abdallah de la Custodia del Líbano dijo que su País acoge 1,2 millones de refugiados sirios, los cuales constituyen el 25% de la población del país. Esto indudablemente comporta notables problemas para el País, tanto de tipo económico como de carencia de alimento, también de tipo social, como la competición para garantizarse a cualquier precio un lugar de trabajo. Nuestros hermanos, gracias a las contribuciones de la Curia general, comenzaron a acoger algunas familias, a conseguir la escolarización de los niños cristianos y a garantizarles un soporte sanitario.

Fr. Gianfranco Palmisani, Ministro provincial de la Provincia Romana, Italia, nos contó como su Provincia puso a disposición de los refugiados más de un convento vacío y cómo lo hizo en estrecha colaboración con las autoridades competentes. Fr. Gianfranco también habló del caso que tuvo que afrontar en relación al ofrecimiento de un inmueble nuestro, la autoridad competente rechazaba la disponibilidad porque implicaba una concentración muy alta de refugiados en una determinada zona.

4. ¿Qué podemos hacer?
La emergencia continúa y nuestro compromiso no debe faltar. Los órganos de comunicación denuncian que no pocos Estados hicieron grandes proclamas de acogida, pero que, por razones de conveniencia y de oportunidad política, tardan en concretarse. Es nuestro deber estar cerca de los migrantes y de los refugiados; al humo de las grandes palabras y declaraciones es necesario responder con la concreción evangélica capaz de desarrollar proyectos de solidaridad. Por otra parte  usemos nuestras energías en difundir una mentalidad que sea respetuosa de la dignidad de toda persona, independientemente de la religión y de la raza. Favorezcamos iniciativas y lugares, donde los residentes de los diversos Estados puedan conocer a los refugiados, para crear vínculos de amistad y de apoyo.

Si disponemos de estructuras que no utilizamos y que están en buen estado, no temamos en ofrecerlas a las autoridades competentes para un servicio de acogida. ¿Por qué no acoger personas o una familia entera en locales no utilizados del convento?

Una propuesta surgida durante el encuentro de Frascati fue la de constituir algunas fraternidades internacionales que se pongan al servicio de los refugiados en los lugares de mayor tránsito como Lampedusa, Grecia o Austria, sólo por citar algunos. Esta propuesta es comprometedora y muy válida pero tiene que ser profundizada y luego desarrollada.

Después de haber examinado, pensado y realizado el debido discernimiento, llegamos a la conclusión de que no podemos donar nada a nivel de estructuras o de acogida concreta, nos queda siempre la posibilidad de hacer llegar una contribución en dinero del Fondo de emergencias de la Solidaridad económica de nuestra Orden a nuestras obras o a otras organizaciones comprometidas en este ámbito. Cuando Jesús le pregunta a sus discípulos cuántos panes tienen, los invita a compartir no sólo de lo que sobra, sino también de lo que aparece como estrictamente necesario e indispensable para sus vidas. ¡El Señor también está golpeando con la misma insistencia a nuestras puestas! Hagamos nuestra parte y Él sabrá hacer la suya. Os pido que leáis, con corazón acogedor y compasivo, el capítulo 25 del evangelio de Mateo, a partir del versículo 31, que es el vademécum para generar proyectos de solidaridad; y no olvidemos nunca, y subrayo nunca, las palabras de Jesús: “cada vez que habéis hecho estas cosas a uno sólo de estos mis hermanos más pequeños, me lo habéis hecho a mí.” (Mt 25,40).

5. En camino con nuestra pobreza
Hermanos carísimos, caminamos hacia la Navidad del Señor, hagámoslo, llevando cada uno la pobreza de unos pocos panes y de algún pescado, pero démoselo a Él. Lo debo hacer yo que sirvo entre vosotros como Ministro general, hazlo tú que eres Ministro provincial o Custodio, hazlo tú querido hermano en cualquier parte del mundo en que te encuentres viviendo y que en este año santo de la misericordia, predicarás y testimoniarás el Amor de Dios por cada hombre. Hagámoslo juntos hermanos, para anunciar que nuestra Fraternidad iniciada por San Francisco es capaz de generar signos de esperanza, de acogida, de gratuidad, la misma que Cristo utilizó dando la vida por nosotros. Hagámoslo juntos testimoniando que no sólo hemos recibido la Gracia de ir allí donde ninguno quiere ir, sino de acoger también a aquellos que muchos rechazan. No pocos nos insultarán, nos dirán que traemos peligros, que debemos defender el orgullo nacional, que esta gente nos quita los puestos de trabajo y otras cosas. La respuesta a todo esto está escrita en el Evangelio.

Os confieso que llevo en el corazón el deseo de leer pronto que habéis respondido a este llamado. Pido que esta carta se le haga llegar a cada hermano de la Orden.

Os auguro un tiempo lleno de misericordia donada y recibida. ¡A todos una buena y santa Navidad y que el año 2016 os traiga el vigor y el coraje que nacen de la fe!

Fraternalmente.

Fray Mauro Jöhri,
Ministro general OFMCap

Dado en Roma, el 8 de diciembre de 2015
Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María,
Patrona de nuestra Orden


[1] «Era forastero y me habéis acogido» (Mt 25,35) Prot. N. 00761/15
[2] Mt 15, 34. Ver también: Mt 14,22-33; 15,29-39; Mc 6,30-44; 8,1-10; Lc 9,10-17; Jn 6,1-15.


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