Celebración de la Fiesta de San Francisco de Asís

Con la presencia del Arzobispo de Santiago, Mons. Celestino Aos, OFM Cap., se celebró la fiesta del Santo de Asís

El pasado domingo 4 de octubre, Fiesta de San Francisco de Asís, el hermano Capuchino Monseñor Celestino Aós Braco, Arzobispo de Santiago, acompañado por el Obispo Auxiliar Monseñor Alberto Lorenzelli, precedieron la celebración del Santo de Asís.

En la ocasión participaron varios hermanos de la fraternidad Capuchina, miembros de la Orden Franciscana Seglar, de las cuatro fraternidades de los Laicos Capuchinos y otros hermanos.  La Eucaristía se celebró en la Iglesia de los Hermanos Menores Capuchinos de Santiago.

Homilía Mons. Celestino Aós

1.-  Es nuestra hora: Nosotros los frailes sentimos en este día una alegría interior muy grande, y hacemos fiesta. ¿Por qué? Por qué nos llega una bendición muy especial. Nos narra Tomás de Celano cómo san Francisco, antes de su muerte en 1226, exhortó y bendijo a los hermanos, nos exhorta y bendice hoy: “Mandó, pues, que llamasen a todos los hermanos que estaban en el lugar para que vinieran a él, y, alentándolos con palabras de consolación ante el dolor que les causaba su muerte, los exhortó, con afecto de padre, al amor a Dios. Habló largo sobre la paciencia y la guarda de la pobreza, recomendando el santo Evangelio por encima de todas las demás disposiciones. Luego extendió la mano derecha sobre los hermanos que estaban sentados alrededor, y, comenzando por su vicario, la puso en la cabeza de cada uno, y dijo: «Conservaos, hijos todos, en el temor del Señor y permaneced siempre en El. Y pues se acercan la prueba y la tribulación, dichosos los que perseveraren en la obra emprendida. Yo ya me voy a Dios; a su gracia osen comiendo a todos». Y bendijo – en los hermanos presentes – también a todos los que vivían en cualquier parte del mundo y a los que habían de venir después de ellos hasta el fin de los siglos.” (2 Celano 216). Les había dicho: “He concluido mi tarea; Cristo os enseñe la vuestra” (2 Celano 214).

Es nuestra hora: en estas circunstancias tenemos la Regla y el Testamentodon de san Francisco nos dice “Y a todos mis hermanos, clérigos y laicos, mando firmemente por obediencia que no introduzcan glosas en la Regla ni en estas palabras diciendo: “Así han de entenderse”. Sino que, así como el Señor me dio el decir y escribir sencilla y puramente la Regla y estas palabras, así sencillamente y sin glosa las entendáis y con santas obras las guardéis hasta el fin.

Y todo el que guarde estas cosas, en el cielo sea colmado de la bendición del altísimo Padre y en la tierra sea colmado de la bendición de su amado Hijo con el santísimo Espíritu Paráclito y con todas las virtudes de los cielos y con todos los santos. Y yo, hermano Francisco, pequeñuelo, vuestro siervo, os confirmo, todo cuanto puedo, por dentro y por fuera, esta santísima bendición (Testamento).

Es la hora de todos los franciscanos, y de todos los cristianos.

“Un ser humano está hecho de tal manera que no se realiza, no se desarrolla ni puede encontrar su plenitud si no es en la entrega de sí mismo a los demás “(FT87). “Hemos sido hechos para la plenitud que sólo se alcanza en el amor. Noes una opción posible vivir indiferentes ante el dolor, no podemos dejar que nadie quede a un costado de la vida. Esto nos debe indignar, hasta hacernos bajar de nuestra serenidad para alterarnos por el sufrimiento humano. Eso es dignidad” (FT 68). Un franciscano no puede quedarse indiferente ante lo que pasa en Chile; nos duele, nos debe dolor la injusticia, y la corrupción, y la violencia, y la irresponsabilidad y el aprovechamiento. Pero el dolor y la rebeldía del franciscano no se hacen juicios y condenas; se hacen misericordia y esperanza, y oración.

2. Es la hora de hacer, no quedarnos en discursos, sermones o programas: el beato Gil era muy cercano a san Francisco porque eran del mismo pueblo, de Asís, y porque fue el tercero de los compañeros que se unió a Francisco; han pasado unos años dela muerte del san Francisco y la historia nos cuenta: “Otro día estaba Gil en el huerto del eremitorio de Monte Rípido, cerca de Perusa, donde habitó más de treinta años después de la muerte de San Francisco. De repente oyó una extraña bulla en la parte baja del monte: era un viñero que airado reñía a sus trabajadores, porque, en vez de trabajar, se llevaban charlando alegremente, y les gritaba: ¡Fate, fate, e non parlate! De perlas pareció a Fray Gil la sentencia del viñero, y al momento se propuso aprovecharla y, saliendo de su celda, se puso a gritar a los demás frailes: «Escuchad el consejo que nos da este hombre:¡Haced, haced, y no charléis!»”.

Cada día se nos ofrece una nueva oportunidad, una etapa nueva. No tenemos que esperar todo de los que gobiernan; sería infantil. Gozamos de un espacio de corresponsabilidad capaz de iniciar y generar nuevos procesos y transformaciones” (FT 77)

“Es posible comenzar de abajo y de a uno, pugnar por lo más concreto y local, hasta el último rincón de la patria y del mundo, con el mismo cuidado que el viajero de Samaria tuvo por cada llaga del herido. Busquemos a otros y hagámonos cargo de la realidad que nos corresponde sin miedo al dolor o la impotencia, porque allí está todo lo bueno que Dios ha sembrado en el corazón del ser humano “(FT 78)

“Como todos estamos muy concentrados en nuestras propias necesidades, ver a alguien sufriendo nos molesta, nos perturba, porque no queremos perder nuestro tiempo por culpa de los problemas ajenos. Estos son síntomas de una sociedad enferma porque busca construirse de espaldas al dolor” (FT 65).

“La atención afectiva que se presta al otro, provoca una orientación a buscar su bien gratuitamente” (FT 93) “No hay punto final en la construcción de la paz social de un país, sino que es «una tarea que no da tregua y que exige el compromiso de todos. (FT 232). La fraternidad no está terminada, sino que seguimos construyéndola o destruyéndola día a día.

3.- Qué podemos hacer: muchos se lamentan de lo que no podemos hacer “ahora no puedo”; nosotros, con san Francisco nos preguntamos ¿qué podemos hacer? ¿Qué debemos hacer? ¿Cómo lo podemos hacer? Ayer el Papa en la tumba de san Francisco nos regaló su enseñanza en la encíclica Fratelli Tutti; una ayuda para mostrar al mundo que la fraternidad, la alegría, la paz y el amor son posibles, y para eso mirar con el amor misericordioso de Dios la vida de nuestras familias y fraternidades, la vida de nuestra Provincia y de Chile y el Mundo.  

La pandemia nos obligó a esa forma de amor que es estar encerrados en nuestras casas; es oportunidad y tiempo de gracia para mejorar y establecer relaciones nuevas entre los hermanos: sólo como hermanos, amabilidad sin falsedad, sin huir ni anestesiarnos ante lo demasiado sensible, aprendiendo del sufrimiento. Hermanos, la pandemia pasará, y dejará sus secuelas de sufrimiento y carencia en lo físico, en una mayor pobreza económica, en lo afectivo, y en lo espiritual. La iglesia de Santiago necesitará hermanos que escuchen, que consuelen, que confiesen, que recen, que pueden identificarse con la claridad con que lo hizo ese fraileegregio el P. Pío de Pietrelcina: “Yo sólo soy un simple fraile que reza”; es tiempo de prepararse, y la mejor preparación se logra de la mano de la Virgen maría. Y esa preparación no se hace solo con cursos o libros, sino en la reflexión, en la oración, en el entrenamiento diario que es la vida de comunidad ¿Podremos contar para esto con los capuchinos?

Y ustedes fieles ¿aman a su familia? ¿están dispuestos a vivir de un modo más evangélico? Cuando los laicos vinieron a Francisco pidiendo orientación, el santo fue claro: ustedes no son frailes, ustedes deben vivir el Evangelio en su vida familiar, en su trabajo, con responsabilidad y relaciones nuevas. El camino de san Francisco vivido en la Orden Franciscana Seglar es un camino hermoso de vida y santidad.

Ustedes fieles, ¿aman a Chile?: participe en las decisiones y elecciones que nos toca vivir, aporte su pensamiento y valores, rece pidiendo luz para usted y para los demás, y sea mensajero e instrumento de Paz y Bien,

Ustedes fieles, ¿aman a los capuchinos?: recen para que sean buenos capuchinos, recen para que haya nuevas vocaciones, alégrense y den gracias a Dios por que tenemos capuchinos.

En este tiempo de limitaciones escuchemos estas lúcidas y franciscanas palabras: “Muchas veces se anuncia el Evangelio sin decir o hacer nada, pero aceptando sin amargura la propia condición de pobreza, siendo todos llamados en primer lugar a recibir”. (Vivir y seguir, carta de los ministros generales franciscanos.4 octubre 2020).

Hermanos todos: hoy es hora de alegría y bendición, hoy es hora de oración humilde y confiada: “Señor Jesucristo, concede a los cristianos que vivamos el Evangelio y podamos reconocer a Cristo en cada ser humano, para verlO crucificado en las angustias de los abandonados y olvidados de este mundo y resucitado en cada hermano que se levanta” (FT 287).



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