LOS ÁNGELES

Los Angeles

Fraternidad y Parroquia San Francisco de Asís
Mendoza 654, Casilla 36. Los Ángeles
FONO: 43- 321548.

 

La vida de esta fraternidad se caracteriza por la atención de la oficina de la parroquia y todos los servicios que a estas compete, como: funerales, bautizos, matrimonios, grupos de catequesis de mamás de primera comunión, algunos grupos sociales, de pastoral, la Orden franciscana Seglar, grupos de jóvenes de confirmación u otros, misas y catequesis en sus seis comunidades de campo. También confluye hacia ellos la búsqueda espiritual: confesiones, consulta, orientación… típica de algunas Iglesias del centro de las ciudades.

En sus 110 años en Los Angeles, los capuchinos españoles y chilenos han dejado una huella en los espíritus de muchos hijos de la zona, bien por su testimonio de vida como por obras realizadas. Esta se refleja en el aprecio que muchos vecinos manifiestan por ellos. En especial se refiere a hermanos como el P. Bienvenido y Fidelito, el hno. Miguel de Cirauqui y otros. Por cierto, el número de la fraternidad actual y el espacio geográfico atendido por ella, se han reducido incomparablemente.

Los primeros capuchinos de Chile – italianos llegados en 1848 – quedaron sin vocaciones que surgiesen del mismo pueblo chileno, ni siquiera en 40 años de estadía, y se redujeron radicalmente en número. Por eso, en 1889 llegaban 11 capuchinos españoles, que se iniciaron en el país en Concepción y Los Angeles. Para esta fecha, ya no había que esperar ningún repunte de los italianos por la supresión en su país por parte del estado, de todas las órdenes religiosas. Ellos se habían centrado en Santiago y la misión de Araucanía.

Los españoles de Concepción se extendieron en 1891 a Los Angeles. En principio ellos, al igual que sus antecesores capuchinos, tuvieron por objeto ‘la misión’, e hicieron amago de asumir Araucanía, tomando las estaciones de Boroa y Bajo Imperial (Pto. Saavedra).

En Los Angeles quisieron crear un convento que fuese centro apostólico para los territorios Pehuenches del Alto Biobío y demás campos y poblados a lo largo del cauce del mismo. Lo que de hecho en parte hicieron. Aquí, los capuchinos venidos de España se ejercitarían por algún tiempo, adquiriendo experiencia para el arduo ministerio en territorio mapuche. Además, su propósito fue desde el comienzo, establecer un noviciado para futuros misioneros autóctonos del propio país.

El Noviciado de Los Angeles no resultó por falta de postulantes y por prejuicio de los españoles, al igual que había sido de los italianos, de falta de idoneidad de los chilenos. Pero se les abría el panorama de misiones de fundos y parroquias de la zona civilizada de Chile. Precisamente, la zona central, en que avanzaba el proceso de afianzamiento del Chile independiente y en que ya se habían enraizado los colonos españoles, campesinos vascos o descendientes suyos. Sus preferencias se acentuaron pronto, identificándose con el rol de predicadores de misiones en las haciendas de la aristocracia agraria, como huéspedes de la familia patronal.

Convencidos que al menos por el momento Araucanía no era su lugar, se allanaron al típico esquema de los conventos en medio de las ciudades y de la población católica. Testimoniarían pues en Los Angeles, la vida conventual de la época, trasplantada simplemente por lo demás, de lo que era en Europa. Allí se forjarían personalidades de religiosos como los tres arriba nombrados: hno. Miguel, Fidel y Bienvenido. Se dedican a la Orden Tercera, obras antonianas, catequesis de niños, centro de jóvenes, cofradías, capellanías de Misa, misiones en las casas patronales de fundo, retiros y predicaciones. En 1929 el convento pasó a ser parroquia, y los antiguos frailes más conocidos cual misioneros o predicadores de paso, comenzaron a evolucionar hacia el perfil y talante más clerical y jerárquico, del clero al frente de su territorio o jurisdicción.

El año 1943 el convento de Los Angeles estrenaba su nuevo imponente edificio de cuatro pisos, para estudios de teología y filosofía. Diecisiete años habría de funcionar allí la etapa más importante de la formación de capuchinos chilenos. Pasaron por sus aulas más de cuarenta futuros sacerdotes, de los que se ordenaban varios cada año: siete en 1953, hasta entrar en crisis, quedar vacío desde 1960 y deber finalmente enajenarse junto con la propiedad de más de la mitad de la manzana, hacia 1972, por inminente ‘toma’. Desde entonces hasta hoy, el convento se reducirá a todo el extremo oriente de la manzana. A partir de 1965 los estudiantes en lugar de formarse en Los Angeles comenzaron a hacerlo en S. José de la Mariquina, y mas tarde en Santiago.

Actividades Pastorales:
La fraternidad capuchina de Los Angeles está hoy ligada a la comunidad eclesial en que está inmersa y a la que sirve, compartiendo su vida, afecto, inquietudes y caminar hacia Dios.

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