Fraternidades

Fraternidad

Jesucristo hizo del género humano una verdadera familia de hermanos. Él está presente como aro de unión entre aquellos que se reúnen en su nombre. La Iglesia, a su vez, apoya las instituciones cuyos miembros se proponen vivir la fraternidad en comunión de vida y caridad.

Todos los religiosos y religiosas acostumbran llamarse hermanos y hermanas, sin embargo, en la Iglesia, los franciscanos son propiamente la Orden de los Hermanos. San Francisco dio inicio a esta forma de vida evangélica, asumiendo como modelo la vida de Jesucristo y los apóstoles. Como Franciscanos es ésta la forma de vida que los Capuchinos profesan y quieren testimoniar al mundo. Aceptan el desafío de amarse unos a los otros con humildad y simplicidad.

La vida fraterna es, por tanto, la esencia de la vocación capuchina, y humildad con simplicidad su manera de actuar en la misión de vivir y anunciar el evangelio de Nuestro Señor Jesucristo. Cada Hermano, que ingresa en la vida Capuchina, es un regalo de Dios y es recibido con gratitud.

A semejanza de la familia natural, los hermanos no se eligen, se aceptan con mucha alegría, como hijos de una misma familia, la familia de San Francisco y Clara de Asís. Así donde quiere que se encuentren los hermanos son llamados a:

  • Ejercitarse en el amor a Dios y en el amor al prójimo.
  • Congregarse en nombre de Jesús.
  • Ser un solo corazón y una sola alma.
  • Progresar en la perfección evangélica.
  • Servir de ejemplo unos a los otros.
  • Combatir las propias pasiones y malas inclinaciones.

La vida Capuchina en fraternidad supone la vida en comunidad. Respetando la libertad y la individualidad de las personas, los capuchinos asumen la vida fraterna en comunidad, como la esencia de su vida y su manera de vivir.

Esa realidad exige capacidad para trabajo en equipo, cosas que favorecen la comunicación y al mismo tiempo, ambiente reservado para ayudar y proteger el clima de familia, estudio, oración, trabajos domésticos y bienestar. En la comunidad capuchina la fraternidad no es cerrada en sí misma, sino abierta con solicitud evangélica a las necesidades espirituales de las personas. Esa apertura posibilita a los laicos la participación en la vida de oración, de apostolado y hasta en la vida comunitaria por espacio de algún tiempo, en especial a jóvenes que buscan el discernimiento de su vocación.

En este clima fraterno, los hermanos en viaje, que llegan a las casas capuchinas, son recibidos con caridad y gran alegría en cualquier parte del mundo.

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