CASA DE ORACIÓN

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Casa San Félix de Cantalicio (Eremitorio).
Contacto: 09- 79015481.

Nuestra casa de oración (Eremitorio) es un lugar de aislamiento o retiro: desierto, para encontrarse a solas con Dios y sólo consigo mismo, sin la preocupación o dispersión del yo en los asuntos de este mundo. El objeto de la vida “eremítica” es la vida espiritual y contemplativa.

Se sitúa en la falda de unos cerros de regular altura (que se puede escalar en algunas horas), al otro lado de los cuales está la laguna de Aculeo. A cien metros delante de la casa corre el río Angostura de Paine, de unos ochenta metros de anchura y que solo es posible vadear en bote o a través del puente ubicado a 3 Km., contiguo al pueblo de Valdivia de Paine. Se ubica a unos 60 kilómetros al sur oeste de Santiago, la capital, y se puede recorrer esa distancia en micros que corren cada 30 minutos o poco más, demorando el viaje cerca de hora y media.de perfección. Los eremitas fueron también llamados ‘anacoretas’, del griego: anakoretes = me retiro, aparto, aíslo.

Orígenes y raíces
Con el concilio Vaticano II entraron aires nuevos en la Iglesia y en la vida religiosa. El Espíritu Santo sopló fuertemente y suscitó nuevas formas de vida religiosa y consagrada.

En Chile, en 1968, poco después de concluido el Concilio, el Centro franciscano CEFEPAL trató de promover algunas formas nuevas de vida franciscana. Se pensó principalmente en tres de ellas: fraternidad de presencia, hermanos itinerantes y casa de oración. Las tres formas se realizarían con religiosos franciscanos y capuchinos conjuntamente, debido al poco número de miembros de ambas familias. Poco después se hicieron dichas experiencias y cada una tiene su historia.

El Eremitorio, actual Casa de Oración, la inició el hno. Antonio Salas OFMcap cerca de la cordillera de los Andes, en un lugar llamado Alvernia, que poseía la provincia de la santísima Trinidad OFM no lejos del pueblo de “San Francisco de Mostazal”. Surgieron algunas dificultades que obligaron a elegir otro lugar. Este fue la Iglesia y casa cural del pueblo de “El Tambo”, situado a cinco kilómetros de Vicuña, dónde vivieron el hno. Antonio Salas y el P. Ignacio Díaz de Cerio, ambos Capuchinos. Tampoco allí prosperó la iniciativa, retirándose ambos antes de un año.

Finalmente, el año 1976 el P. Juan de Salinas inició nuevamente esta experiencia en el lugar actual “Rinconada del Alamo” vecino al pueblo de Valdivia de Paine, Región Metropolitana.

Esta vez la inspiración y motivación la tomaron los dos hermanos ex-provinciales Javier Mc. Mahon y Juan de Salinas al concluir su servicio en las provincias franciscana y capuchina respectivamente. Ambos diagnosticaron que en los hermanos y en las fraternidades locales había una notoria falta de oración. Y decidieron recurrir a la creación de un eremitorio común, ínter – obediencial; estructura tradicional pero que había caído en desuso, en la historia de nuestra espiritualidad franciscana.

De hecho se encargó el hno. Juan de Salinas de llevar a cabo la iniciativa, el hno. Javier nunca tuvo oportunidad de integrar la fraternidad del eremitorio por ser necesario en otros servicios en la Orden (Roma y su provincia de Chile).

Escribe el hno. Juan en sus crónicas: “Después de ver muchísimos lugares elegimos providencialmente este lugar, Valdivia de Paine. Había allí una casita de inquilinos. Era un asentamiento de la CORA, con tres dormitorios, una cocinita y baño externo. Se nos autorizó para ocuparla por un tiempo hasta la parcelación. En ella me instalé con un joven aspirante a la Orden el día 10 de junio de 1976. Recién el 14 de julio de 1978 acordó el consejo supremo de CORA ceder la casa a las Ordenes franciscana y capuchina”.

Primera fraternidad de capuchinos
En la reunión de superiores mayores realizada a fines de 1978 en CEFEPAL se decidió crear en forma definitiva el EREMITORIO FRANCISCANO – CAPUCHINO en Chile, en el lugar ya elegido en Valdivia de Paine y experimentado durante tres años. Se acordó también ampliar la casita adaptándola a los fines del eremitorio, según los planos diseñados por el hermano Félix de la misión de Araucanía y aprobados por los ministros provinciales Manuel Sánchez y Rigoberto Iturriaga, siendo él mismo quién ejecutara la obra (ayudado por el hno. Oscar Castillo). Se expresó el deseo de realizar un serio esfuerzo por conseguir un par de hermanos que convivieran con el P. Juan.

El hno. Juan de Salinas fue acompañado ocasionalmente en sus primeros años de experiencia, por muchos hermanos y grupos de hermanos Franciscanos y Capuchinos en plan de experiencia formativa, a veces prolongada: semanas, meses y hasta alguno un año. Hasta que llegó Marcelino y luego Jorge y se conformó la primera fraternidad de hermanos capuchinos.

Actualmente nuestra casa recibe como huéspedes a laicos, sacerdotes, religiosos y religiosas que vienen a buscar un momento de paz y tranquilidad, animados por la experiencia fraterna y de oración que nos legó nuestro hermano Francisco de Asís.

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